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Boda al estilo renacentista aragonés

Cada pareja quiere  que su boda sea especial. Lo que  hace que una boda sea singular, no es   la cantidad   de ornamentos  que se empleen, sino    que refleje la personalidad de la pareja.

La boda de la  que vamos a  hablar  se celebró  en una antigua finca con el  señorío, sobriedad, solemnidad   y elegancia propia del estilo renacentista aragonés, que encajaba  muy bien con el porte y forma de actuar de los novios.

La casa – palacio, es muy grande,   bonita pero los detalles no estaban bien cuidados. Intervenir  en el interior, donde se  iba a servir la cena, y en el exterior, donde se iba a celebrar  el coctel de bienvenida y  baile , era  posible y apasionante  pero  rechazamos la  tentación, porque, aparte de  ser  económicamente muy costoso, no era necesario  ni correspondía a la filosofía vital de la pareja . De común acuerdo  optamos por  resaltar lo bello que había: muebles, ventanas, salas y quitar todo aquello que a nosotros nos molestaba: flores de plástico, jarrones  en mal estado, bronces. Repusimos  los candelabros con velas, movimos el mobiliario,  controlamos la limpieza  y  aireación y comprobamos que el aroma de los salones, comerdores y baños fuera agradable

Una vez  que  la casa  y el jardín  se despojó de los objetos “ feos”, rotos  o inadecuados , empezó a lucir, por ella misma. Ahora solo nos faltaba dar unos  cuantos “toques de distinción”

En el exterior, después  de  un poco de poda y  de limpiar la madera muerta, con  unas largas ramas de hiedra cortada del jardín  se  taparon los trozos de muros y se hicieron  4 coronas para tapar 4 alcorques en pavimento. Además se recolocaron los 9 maceteros  más potentes  que había en el jardín;  3  al lado de una puerta,  4 el  césped de la zona de   baile y 2  acompañando otra puerta de acceso.

Se trabajó con  ramas de de  magnolio, hiedra,  eucaliptus e iris  hasta conseguir un aspecto  vegetal potente   con  aire  renacentista, unas  velas en el suelo  cuidadosamente repartidas y 5 jarrones   de cristal  con velas  en unas mesas perdidas hicieron el resto.

En el interior, apoyado en una hermoso baúl y debajo de un  espejo  donde se reflejaba ,  se  colocó un único jarrón  de cristal  con un trabajo semejante al exterior  pero  más adecuado para interior  con  eucaliptus, iris azul, esparraguera, antirrhinum lisianthus,  y margarita blanca .

En los centros de mesa no tuvimos mucha capacidad de maniobra pero si el suficiente para elegir una rosa  con un color rosa  muy suave,  acompañado con unas ramas de boj, variando que   el número de rosas en cada mesa y la  ubicación de las mismas en cada centro de mesa.

Al final los novios y sus padres nos dieron las gracia , y entre los invitados oímos  muchos comentarios diciendo que se estaba  muy bien en ese entorno adornado con tanta elegancia  y paz.